y pensar
que ya no es mía,
tus miradas me enloquecen
y viene a mi la melancolía.
Esto es como un juego
donde las reglas prohiben
entregarse el uno al otro,
sin pensar en los que miren.
Cuando me ignoras:
me siento morir...
y recuerdo los momentos
en que decías amarme
y mi reír era tu reír
tu andar era mi andar
tu tristeza mía hacía
y en tu lugar llorar quería...
y cuando reñíamos
-siento el alma vacía-
al recordar que luego
me abrazabas fuertemente
y entre susurro y susurro me pedías
te perdonara y me repetías
¡cuánto me querías!...
Escrito el 28 de septiembre de 1980
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